16833 anonym 1
0
Pero ni los conventos tienen muros bastante elevados, ni las madres tienen cerraduras suficientemente complicadas, ni la religión deberes
lo necesariamente estrechos para encerrar a esos encantadores pajarillos en sus jaulas, sobre las cuales apenas nos dignamos a arrojar
algunas flores. Y es que ellas sienten irresistibles deseos de conocer ese mundo que tan cuidadosamente se les oculta, anhelan penetrar
el enigma que creen tan tentador, escuchan conmovidas la primera voz que a través de los barrotes llega a sus oídos contándoles secretos
y bendice la primera mano que alza una pluma del velo misterioso.



Like us on: